Concursos de “líderes” o elecciones?
Alguna vez, un amigo me preguntaba: "¿Qué pensás sobre el proceso de elección que está en marcha en El Salvador?". Y agregaba, como remarcando su interés por darse cuenta de mi posición: “¿Qué concepción tenés sobre esta situación electoral que vivimos?!. Mi mirada, desparramada en su rostro, lo golpeaba y me dio la sensación de ver translucir dudas en él. Un tanto incómodo expreso en término suscinto "¿Qué pensás de todo esto?".

Tomando en consideración su apego y aceptación a los procesos electorales vigentes –estimo que él los ve como la panacea universal, la salvación de los males de la gente- le respondí: “Yo estaría de acuerdo con muchos procesos electorales, como vos lo hacés, siempre y cuando las personas propuestas como candidatos, no sean impuestas por sus cúpulas y elaboren mediante la participación social y sectorial un Programa de Gobierno Nacional con tácticas y estrategias consecuentes con el pueblo, pero, sobretodo, que esos candidatos deban responder a una moral inequívocamente intachable para que, entre otras cosas, le permita que no le tiemble el pulso cuando el mandato de la población le pida que inicie la realización de los cambios estructurales necesarios para el bien común. Esa moral, distinguido amigo, debe ser caracterizada por la práctica sistemática de la verdad, la justicia, la solidaridad, la honradez, la transparencia y ser profundamente anticorrupción".
¿Qué pienso entonces de la situación electoral que vivimos? Al comparar ese perfil descrito con lo que ha sucedido o está sucediendo, y dada la ausencia de partidos políticos consecuentes con los intereses del pueblo trabajador, se observa que la situación electoral en El Salvador es y ha sido una juerga. En este país y en muchos ha sido eso: una parranda en donde los candidatos con excitación bailan la canción a ritmo de interés personal o de grupo, llegando a convertir estos eventos en concursos de “líderes” que nada tiene que ver con una plataforma política en favor del pueblo.
Todos los partidos políticos de El Salvador inscritos en su propio Tribunal Supremo Electoral (suyo, de ellos, porque lo conforman ellos, lo utilizan ellos, lo mangonean ellos) han llegado a manosear este embrión de democracia de manera escandalosa y repugnante. Están en los tres poderes desde donde dictan su voluntad vertical, particularmente en la Asamblea Legislativa, desde donde engañosamente se consideran los "padres de la patria". Qué digo!, actúan como dioses, casi como los Dioses del Olimpo de otros tiempos.
¿Podrá el Tribunal Supremo Electoral hacer algo para parar este relajo? Nada puede hacer, dado su origen pernicioso de nacimiento. En todo caso, los integrantes del Tribunal Supremo Electoral tienen que obedecer las directrices de sus amos. En ese orden, la aberración de la propaganda adelantada que hacen los partidos políticos, ellos, los del Tribunal Supremo Electoral, tienen que salpicarla con sales o ungüentos para que le quiten los olores fétidos al asunto. Los miembros del Tribunal Supremo Electoral no son otra cosa que instrumentos pérfidos que usan los partidos políticos.
Es triste, pero es la verdad. Esta situación electoral que sufrimos -aunque a algunos no les guste que pensemos así- es, como siempre, el engaño más inhumano que ha conocido el mundo. El único interés de los candidatos adelantados, así como el de sus partidos, es ganar las elecciones en 2014; interés que coincide con los medios de propaganda. Los primeros buscando los dineros del Tesoro Público y los segundos buscando los dineros de la Deuda Política que también son del Tesoro. Doblemente jodido el Estado...y el pueblo? ni digamos!
Otro capítulo de irrespeto al pueblo, por parte de los Partidos Políticos, lo están fraguando con la elección del Fiscal General. Tiene muchas semanas de haber cumplido su tiempo el Fiscal General y nada de elección. Lo que se sabe por acusaciones que se dan entre ellos (los partidos) es sobre la compra venta de diputados a precios millonarios. Dos diputados han sido acusados por su respectiva cúpula de ser "vendidos". Actualmente investigan quiénes son los compradores. Lo cierto es que a los cuatro partidos que quieren elegir a un fiscal, les faltaban seis votos y ahora sólamente faltan cuatro. ¡Adivina, adivinador! Toda esa podredumbre es la que hiede actualmente en este proceso de elección electoral adelantada.
Por Joaquín Rafael Ramírez.
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