17 de octubre de 2015

Movimientos sociales o partidos políticos: a quién le teme el Capital?

Dijo un filósofo que todos los “¿cómo estás?” que se escuchan a diario y en la calle, significan una especie de termómetro para medir la temperatura de la enferma sociedad en la que actualmente vivimos. En realidad, estamos inmersos en una descomunal crisis de valores, en una decadencia de la cultura, en  donde impera la pobreza humana en todos los sentidos, tanto cultural, social, económica, filosófica y políticamente hablando. 

¿A quién le conviene esta apatía por temas o áreas de la vida a los que en verdad merecen la pena prestarle la atención requerida? ¿Quién se preocupa seriamente por la Historia, por las Ciencias Humanas (como ciencia y praxis), por la Filosofía, por el Arte, por la Literatura,  por reivindicar o por, simplemente, “lo político”?

Decía Henry Ford que la historia no era necesaria conocerla, por lo que debíamos de preocuparnos es por el futuro. Claro, a la clase dominante le conviene tener a un pueblo que no sepa de su pasado, porque quien desconoce su pasado, está condenado a seguir sufriendo su deplorable presente. A su vez, el hecho de difundir la falsa idea de que la filosofía es una materia vetusta porque los antiguos griegos ya se ocuparon de eso y que la literatura es para “ociosos”; pensar eso es una tremenda manipulación y un insulto a la inteligencia. Con respecto a lo político, para la clase política, el pueblo debe participar en “la política”, ocuparnos de eso pues es un derecho y un deber, repiten. Nada más que circunscrito a lo estrictamente electoral pues nos ven como masas que representamos un enorme caudal de votos. Esto es, entonces, participar en “la política” pero no en “lo político”. Es decir, hay que hacer política pero no pensando políticamente.

El Comité Invisible, una agrupación de intelectuales franceses, en un artículo titulado La Insurrección que viene (l'insurrection qui vient), afirma que aquellos que todavía votan, dan la impresión de no tener otra intención que la de hacer saltar las urnas a fuerza de votar como pura protesta, proporcionando, en la mayoria de los casos, un voto de castigo al partido en el poder, dentro de una ley de va y viene, ley del péndulo que se eterniza. Se comienza a adivinar que es contra la accion política por lo que se continúa votando. Obviamente, los políticos han conducido y encajonado a la gente hacia un pensamiento equivocado del verdadero significado e importancia de “lo político”.

Y se continúa leyendo en el citado artículo: “Toda esta serie de golpes nocturnos, de ataques anónimos, de destrucciones sin rodeos, han tenido el mérito de abrir al máximo la grieta entre la política y lo político. Nadie puede honestamente negar la carga evidente de este asalto que no formula ninguna reivindicación, ningún otro mensaje más que la amenaza; que no había que hacer la política. Hay que estar ciego para no ver lo que hay de puramente político en esta resuelta negación de la política”, fin de la cita. Por supuesto que a las cúpulas de los partidos políticos les conviene que uno participe en la política, pero sin inmiscuirse, bajo ninguna circunstancia, en lo político, porque esto último es menester exclusivamente de los dioses, de los grandes legos dirigentes políticos.

Es, entonces, cuando en el sistema de partidos políticos sistémicos, el cogito ergo sum -el pienso y luego existo de René Descartes- se transforma dentro del sistema de la partidocracia en un “yo voto y luego estorbo”. No hay que pensar. Incluso llegan a afirmar que “para qué leer si todo está en la mente”, “escribir es cosa de locos” y “no tenemos intelectuales dentro del partido, ni los queremos tener”, segun una diputada efemelenista; estas son las frases tipicas que se escuchan en el sistema de partidos salvadoreños.

A la clase dominante y particularmente al imperio norteamericano, lo que le importa es que el ciudadano participe en la política pero no en lo político. Por ello es que persiguieron, controlaron, desmontaron y destruyeron a los sindicatos, a los movimientos políticos y sociales, bajo la infame argumentación de preservar la “gobernabilidad”. Pero, ¿qué significa en sí la “gobernabilidad” para la clase hegemónica y para el imperio? Manuel Freytas sostiene que la gobernabilidad (el control social por vía militar o política) es la instancia básica que el Capitalismo necesita para depredar el planeta, generar mano de obra esclava y apoderarse de la riqueza mundial, arrojando sólo migajas a las mayorías productoras de esa riqueza a escala social (teoria del rebalse). En el sistema, los militares (la dictadura) y los políticos (la democracia), en distintas escalas, son gerenciadores de control político y social para preservar la  gobernabilidad, la productividad, el juego electoral y la alternancia. Fin de la cita. Este es el quid del asunto, el por qué del bloqueo para que la gente no ingrese en el ámbito de lo político.

Los movimientos populares y sociales son controlados de diversas formas. A la policía hay que “darle parte” de una manifestación callejera para que controle ese tipo de expresiones populares; luego se sumará el ejército si surge la “incapacidad” de los primeros. Declarar ilegales a muchos sindicatos y solo permitir a los sindicatos blancos, controlados por ONG's extranjeras, estas son una de las muchas formas de reprimir y controlar a los movimientos sociales. A éstos sí le teme el bloque de poder económico, no así a los partidos políticos, porque estos deben alinearse dentro de la “gobernabilidad”. Y en ese accionar, en las negociaciones para mantener la “gobernabilidad”, se arrastra y entregan ciertas conquistas de la clase trabajadora, sin consultarle siquiera a éstas, lo cual significa una clara transgresión a la voluntad popular.



En El Salvador los sindicatos fueron desmontados por argucias de los politicos de toda índole porque, en verdad, sí eran una amenaza para los intereses de la clase hegemónica dominante. Los partidos políticos hoy en día no representan ningún tipo de amenaza para el capital porque son parte del sistema en el cual hay que aportar una cuota para la gobernabilidad. Sin duda alguna, a Karl Marx esta actitud de algunos partidos de la autodenominada “izquierda” en el mundo, le produciría vértigo y náuseas. Por su parte, los movimientos sociales, cuando los hay y cuando no son manipulados, se convierten en la vanguardia de los intereses populares. Ellos chocan contra los gendarmes del poder económico: partidos politicos, policía, estado y gobierno.

La desvaloración de lo cultural, lo social, lo económico, de lo filosófico y lo político es un mecanismo que utiliza el capital por medio de sus medios propagandisticos y los partidos polí ticos alineados al sistema. Como lo he sostenido en varios artículos, en El Salvador no sólo hubo entrega de armas sino que tambien derrota ideológica, eso tuvo como consecuencia que vivamos hoy en una sociedad en donde reina la ignorancia, el fanatismo politico, la trivialización de asuntos trascendentales que deberían de interesar a la población en general, la cual debería mezclarse en “lo político”, pero que hoy se encuentra perdida en el laberinto de trabajar para medio sobrevivir y no ocuparse de lo politico; perdida en el fanatismo religioso y electorero que no le resolvera nada porque, al fin y al cabo, se sufre aquí en la Tierra, y un presidente llega y se va, al igual que los partidos políticos, que son como las grandes burbujas en el tema de la especulación financiera: tarde o temprano estallan.
 
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