5 de octubre de 2015

Las maras fueron absorbidas por Arena y el Fmln!



Cuando Munguía Payés sugería en 2013 que las pandillas se transformasen en "grupo político", que nadie crea que eran inocentes palabras lanzadas al viento. Era un formal pedido para que los cabecillas de esos grupos delincuentes cerraran filas entorno a los partidos políticos.
 “Ojalá que las pandillas se convirtieran en grupo político y dejaran de delinquir. Es cierto que tienen influencia y que pueden inclinar la balanza hacia un partido, eso es cierto. Todos los salvadoreños tenemos el derecho de participar en política pero tenemos prohibido involucrarnos en actividades delincuenciales, es mejor hacer política que delinquir, pero si con sus armas van a querer influenciar la política es otra cosa. Es mejor que estén involucrados en la juventud de los partidos que en los grupos pandilleriles”, expresó en la Radio 102.9

Debemos admitir que las pandillas tienen gran poder, poder que deriva del miedo que éstas son capaces de infundir en la población e, incluso, en el mismo Estado. Eso es un hecho. Su accionar no es casual, pues se han inspirado de la guerra del terror, de aquella guerra psicológica que los franceses inventaron y aplicaron en Argelia: asesinar a mansalva, con lujo de barbarie y exponer esa barbarie para inspirar respeto a través del miedo. Estrategia repetida luego por regímenes militares y carteles de la droga, con la sempiterna bendición de los servicios secretos estadounidenses. De ahí deriva que a estos grupos, y no sin razón, se les debe considerar como grupos terroristas, en todo el sentido de la palabra.

Con esas declaraciones recogidas por el diario La Página en 2013, Munguía ponía en evidencia la posición del Estado frente al fenómeno pandilleril: no se tenía en 2013, ni se tiene aun hoy, una solución concreta para resolver ese problema a corto, mediano ni largo plazo. Simplemente que el Estado, desde antes del 2013, ya había tirado la toalla y que no existía en esa fecha ni existe aun hoy voluntad política, económica ni social para solucionarlo.

Puesto que el problema tiene origen en las injustas estructuras sociales y económicas, y que para resolverlo habría que tocar a esas estructuras (eso se llama hacer revolución) claramente se ve que nadie nunca se atreverá. Que se lo tengan todos por dicho: proceso revolucionario ni mucho menos revolución por medio de los tres poderes del Estado y el juego electoral burgués, jamás habrá en El Salvador!

Pero regresemos al tema. Esta vieja invitación a transformarse en "grupo político", no en partido, esto es muy importante, era muy seductora. Lo cierto es que de esto los únicos beneficiados serían los dirigentes y altos mandos de estos grupos de delincuentes, cosa que ya vimos con los acuerdos de México, en otra época, con otros personajes y en otras circunstancias. No obstante la misma estrategia estatal está presente: seducir y absorber.

Sin embargo la invitación estaba más que clara. Repito, no se les invitaba a transformarse en partido, más bien en grupos políticos. Qué significaba esto? Pues que no se les consideraba como a movimientos sociales reivindicativos, incapaces de establecer plataformas políticas. Que se les iba a utilizar como caudal de votos nada más, grupos de choque y pinta y pega, pero con una dirigencia que goce de muchos, de enormes beneficios y prerrogativas, mucho mayores de los que gozaban ya algunos cabecillas en las cárceles del país: telefonía, mujeres, droga, influencia, antenas satelitales, pantallas gigantes, etc.

Qué ha resultado de todo lo anterior? Que desde el 2013 hasta el día de hoy, las maras no sólo se convirtieron en caudal de votos sino que ya están muy incrustadas en los partidos políticos mayoritarios. Dicho de otro modo, de aquellos polvos estos lodos. Sin embargo y a pesar de todo, continúan con su accionar delictivo, mucho más grande que en 2013. Conjeturamos que visto el maná que les ha caído, hay pugnas enormes al interior de las mismas y, por ende, han resultado mucho más muertos que en épocas anteriores. Se vive una especie de garduña salvaje. El problema de la violencia nunca se resolvió, sino todo lo contrario.

No, las palabras de Munguía no eran ninguna bobería lanzada al viento. Ahí había mucho por interpretar. Había que leer entre líneas.

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