11 de diciembre de 2012

Eduardo Galeano: El imperio del consumo

La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco: "quien bebe a cuenta, se emborracha el doble". La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abierto y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial. «Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.

Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restaurante de Montreal en Canadá: el restorante cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.

Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.

Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?

El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.

Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos urbanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. 

En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?

El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. 

Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.

La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.

Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.



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13 comentarios:

  1. Anónimo2:43 p. m.

    Si quiera leyeran esto los nuevos burgueses de el Salvador, los diputados del fmln y los funcionarios del gobierno del cambio a quienes he visto saliendo de los grandes centros comerciales antes exclusivos para la antigua oligarquía.

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  2. Anónimo11:45 p. m.

    El Salvador como un país de consumidores y con sueldos de miseria que recibimos la mayoría de salvadoreños difícilmente dejaremos de estar "enguevados" como se dice vulgarmente. Acá es necesario que nosotr@s, personas comunes y corrientes todos aquellos que trabajamos duramente sacrificándonos para sacar adelante a nuestro hijos tomemos conciencia, siendo prudentes con nuestros gastos; pero que sucede cuando nosotr@s tenemos un poquito de dinero en los bolsillos o tenemos tarjetas de crédito rápidamente nos vamos a comer fuera de casa a gastar lo poco que tenemos, irónicamente en este país se pueden ver más que todo los fines de semana largas filas de personas para comer una pizza; o pollo campero o una hamburguesa. Pienso que no hay justificación a todo eso, pero acá cada quién gasta lo que se le antoje y es libre de hacerlo; pero lo único que debemos es tomar conciencia en ser prudentes con nuestros gastos y no gastar lo que no tenemos.

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    1. Anónimo7:51 p. m.

      Muy bien dicho, no gastemos lo que no tenemos, porque la alienacion viene por querer tenerlo todo, la publicidad nos confunde las necesidades por los deseos de consumo de productos que no necesitamos y hasta son dañinos como las baratijas chinas que no duran mas que una puesta, o las de marca que la gente confunede la persona con la ropa, o que por usar una crema van a ser bonitos.
      Consumidores somos todos, pero consumidor pendejo el que se deje.

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  3. Anónimo3:16 p. m.

    Este señor Eduardo Galeano es frustrante con sus comentarios, habla como si la gente viviera en los años 60 donde existia un obscurantismo cultural y cualquiera como el podia darnos paja, para esa época escribio las venas abiertas de américa latina, un libro que ha sido un éxito editorial en ventas de muchos miles de dolares que comparte de sus ganancias este señor con los pobres???...El vive de la paja de echarnos cuentos del sistema!!!... Nuestra américa ha madurado es cada vez menos boba, los pueblos se han educado y este tipo de flautistas tienen que ir a tocar a otro lado... Nos hemos empoderado de conciencia de clase, somos cada vez mas libres y hacemos lo que la realidad nos demanda, este Sr. no quiere que la gente disfrute de los logros de la humanidad la lucha ha sido por lograr mejor vida tener mejores cosas que nos simplifiquen la vida, tenemos derecho a tener laptop, mejor atención en salud, buenos televisores plasmas y todo lo que el hombre aporte en tennología para un mejor bienestar, lo que cada fulano se come y se pone para vestir es problema de cada cual, desde luego que la educación ya no es privilegio de los ricos se ha socializado y la internet se ha encargado de sacarnos del analfabetismo informático global, ya el conocimiento no es privilegio de unos pocos solo tienes que engancharte en internet y buscas adecuadamente lo que quieras saber y nadie te da mas paja!!!... Este tipo de pajeros globales como Eduardo Galeano el "mercado" con sus leyes de la oferta y la demanda intelectual se encargo de cabarle la tumba del olvido, Este Galeano como Carlos montaner plumifero del caos de derecha es otro que se entretienen metiendole miedo a la gente!!!... Trompudos a despertar del letargo de la ignorancia no permitamos que nos echen mas cuentos... Y sobre todo a consumir los que les venga en gana... Eso si a votar contra los frente por desonestos y corruptos!!!...Saludos.

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    1. Anónimo2:09 a. m.

      Si tu huebiera "empoderado" de la conciencia de clase que decís tener, hubieras podido comprender tan siquiera un 10% de lo que Galeano escribe. Podes hacer de tu crédito lo que te venga en gana, todo depende de tu razonamiento. A más alienado, más consumista. A más consumista, más endeudado.

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    2. Anónimo7:46 p. m.

      Este comentarista es una melcocha de la alienación, no dice nada inteligente, solo babosadas.

      Ahora cualquier descerebrado que crea que es de izquierda quiere dar cátedra y como resultado tenemos un discurso confuso y bajero.

      vaya y consuma hasta que reviente de basura USTED

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  4. Anónimo3:47 p. m.

    ese machtro Galiano siempre con las mismas viejas quejas, que yo sepa a nadie llevan a punta de pistola a consumir, a nadie meten preso por no comprar el ultimo modelo electronico, entonces donde esta la dictadura? cada quien es libre de gastar su dinero como quiera, libre de ser esclavo de las deudas. Pero este machtro Galiano estoy seguro que tiene un TV plasma de 200 pulgadas para ver Telesur, y segurito lleva un Galaxy trabado en la cintura y escribe en Mac, y lleva prendidas en las orejas un MP4 oyendo los guaraguao , y tiene un 4x4 para cruzarse la pampa hasta Punta del Este a ver los cueritos de la jaylayf

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    1. Anónimo2:10 a. m.

      Jajajaja "estoy seguro" decís. Estás seguro?

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  5. Anónimo3:35 p. m.

    Nelson Carranza

    Bloque Popular Revolucionario B.P.R. Movimiento Social Autonomo de El Salvador MOSAES

    Organizacion Revolucionaria de Masas y Fuerza Politica Revolucionaria Beligerante.

    el VUELTO : Poema de Roque Dalton

    La gran burguesia

    La gran burguesÍa Los que producen el aguardiente

    y luego dicen que no hay que aumentar el sueldo
    a los campesinos
    porque todo se lo van a gastar en aguardiente.
    Los que en la vida familiar
    hablan exclusivamente en inglés
    entre cuadros de Dubuffet y cristales de Bohemia
    y fotografías tamaño natural
    de yeguas traídas de Kentucky y de Viena
    y nos cobran diariamente en sudor y sangre
    su doloroso despertar cotidiano
    en este país de indios sucios
    tan lejos de New York y París.
    Los que han comprendido que Cristo
    si se miran bien las cosas
    fue realmente el Anticristo
    (por todo eso de amaos los unos a los otros
    sin distinguir entre los pelados y la gente decente
    y esto de los cristianos primitivos conspirando
    en la complicidad de las catacumbas
    y de la agitación contra el Imperio Romano
    y el pez tan parecido al martillo y la hoz)
    y que el verdadero Cristo nació en este siglo
    y se llamó Adolfo Hitler.

    Los que votan en El Salvador
    por el Presidente electo de los Estados Unidos.

    Los que propician la miseria y la desnutrición
    que produce a los tísicos y a los ciegos
    y luego construyen
    hospitales tisiológicos y centros de rehabilitación de ciegos
    para poderlos explotar
    a pesar de la tuberculosis y la ceguera.
    Los que no tienen patria ni nación aquí
    sino sólo una finca...

    Los que dicen a los médicos y a los abogados y a los arquitectos
    y a los agrónomos y a los economistas y a los ingenieros
    que quien a buen palo se arrima buena sombra lo cobija
    y que hay que hacer cada año Códigos Penales más drásticos
    y hoteles y casinos iguales a los de Miami ....

    compraron diarios y radios y plantas de TV
    con todo y periodistas y locutores y camarógrafos
    y compraron la constitución política con todo y
    Asamblea Legislativa y Corte Suprema de Justicia.
    Los que para dormir seguros
    no pagan el sereno de la cuadra o del barrio
    sino directamente al Estado Mayor Conjunto
    de las Fuerzas Armadas.
    Los que
    efectivamente
    tienen todo que perder.

    ver http://bpr-elsalvaor.blogspot.com

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  6. Anónimo4:31 p. m.

    Benedicto XVI ha dado un giro sorprendente. En ocasión de la presentación del texto del mensaje de la Jornada Mundial de la Paz 2013, ha descubierto algo que el 95% de la humanidad ya sabía pero que el 5 % se resiste a aún reconocer. Ha descubierto nada más ni nada menos que el capitalismo es un sistema económico que funciona en base a la codicia, que promueve el consumismo y la competencia, y que genera conflictos sociales (lucha de clases) por las desigualdades que provoca entre ricos y pobres.

    Según sus palabras: “Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado (…..) Para salir de la actual crisis financiera y económica – que tiene como efecto un aumento de las desigualdades – se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad”.

    ¿Qué tiene de novedoso el “descubrimiento” de Benedicto XVI de las injusticias y de la opresión que se derivan del capitalismo y de la responsabilidad del capitalismo en la lucha de clases?. De novedoso no tiene nada, pero sí tiene un gran significado en términos del debate político ideológico que está cobrando relevancia en la coyuntura actual sobre las causas de la crisis económica global y sobe las alternativas que se existen para promover una economía que esté en función del bienestar de toda la sociedad. Es decir, es importante que un conservador de la talla de Benedicto XVI, a quien nadie en su sano juicio acusaría a de ser un instrumento de grupos marxistas o de tener una ideología anti- sistema , le diga al mundo que la creciente conflictividad social o lucha de clases, está siendo alimentada por las injusticias que provoca el sistema económico capitalista.

    Esperemos que los intelectuales orgánicos de las elites empresariales y políticas de nuestros países , que con tanta facilidad descalifican a priori cualquier opinión contraria al capitalismo y/o a los principios de lo que llaman el “libre mercado” o la “libre iniciativa”, se tomen el tiempo de leer en esta época, el mensaje de Benedicto XVI. A lo mejor descubren lo que hasta el Papa ha descubierto por fin: que el problema económico fundamental en la actualidad es la creciente desigualad entre ricos y pobres. Qué esta desigualdad es responsabilidad directa del capitalismo y de su racionalidad de muerte, y que no es posible pensar en solucionar los conflictos sociales o en promover la cohesión en una sociedad en torno a un proyecto de desarrollo nacional, mientras no se aborden las causas estructurales que le han dado origen a las brechas de desigualdad y a la exclusión social de amplios segmentos de la población.

    Porque deben saber que la lucha de clases no se la invento ni Marx ni Lenin y su existencia no depende de sí se está de acuerdo o en desacuerdo con ella. Ya lo dijo el multimillonario Warren Buffet en una oportunidad: “La lucha de clases sigue existiendo, pero es mi clase la que la dirige y la que la va ganando”.

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  7. Anónimo9:19 a. m.

    ahora un buen fin de semana es hacer cola esperando mesa en una pizzeria o en una venta de hamburguesas,admirar por la vitrina el televisor de ultima tecnologia o la blusa parisina,el tomarse una fotografia en el centro comercial y subirla al facebook o pagar con la tarjeta y pavonearse si es Master Card...
    ya de nada de almuerzos de domingo en casa o las pupusas de la abuela, los tamales sabatinos en familia, la excursion a otros pueblos, el reciclaje de zapatos o las zurcidas de camisa, los juguetes de madera o el regalo de diciembre cargado de humildad pero lleno de emoción y cariño, todo es chattarra, efimero y plastico..
    para los que creen en alcanzar los sueños de la sociedad de consumo mis mas sinceras tarjetas de creditos, cuotas de banco y deudas infernales a largo plazo pero sobretodo el abrazo mas artificial y consumista que se pueda dar

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  8. Anónimo10:34 p. m.

    pobre anónimo 3:47 hablando de libertad. Se nota que estudió en la nocturna. Comentario falaz. No ataca el argumento sino al personaje y remata con su imaginación... que por cierto es muy pobre. Usa el mismo lenguaje de un director de escuela que solo llegó a bachiller pedagógico pero que se cree la erudición andando.

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  9. Anónimo12:28 a. m.

    El anonimo 3.16 y 3.47 es la misma persona garantizado que son de los individuos que viven de pura ilusion'
    ahogados en deudas para mantener su estatus social.Delos que por aparentar compran todo con dinero a costa de
    vender hasta a su propia MADRE.

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