24 de marzo de 2012

"El cielo abierto", documental sobre Monseñor Romero.

Repetidamente, algunos de los sacerdotes conservadores que rechazaron inicialmente las disposiciones del Concilio Vaticano II experimentaron gradualmente una profunda transformación de conciencia que los condujo a abrazar los Evangelios desde la lectura social de la Teología de la Liberación. Y se les tachó de "comunistas", "revolucionarios", "subversivos" e "incendiarios". Se les amenazó, se les exilió y se les mató en nombre de la sacrosanta doctrina de "seguridad nacional" y la lucha contra el comunismo.

Por Sergio Raúl López

Los casos pueden hallarse en diversos países y en muy distintas geografías del continente, pero ninguno tan emblemático, trágico y terrible como el del arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero. La mutación de su prédica en contra de la represión militar y la injusticia social, y a favor de los pobres, la paz y la democracia, ocurrió apenas un mes después de ser ungido en el cargo, tras la expulsión y el asesinato de varios sacerdotes por el régimen militar en el poder, especialmente la muerte de su amigo Rutilio Grande, encargado de la Parroquia de Aguilares, el 12 de marzo de 1977. Tres años después la bala de un francotirador acalló sus prédicas, precisamente el 24 de marzo de 1980, durante una misa ofrecida en la capilla del Hospital de la Divina Providencia.

El día anterior, un Domingo de Ramos, había ofrecido un histórico sermón con el que selló su destino y en el que exigía al ejército cesar la represión e incluso desobedecer a sus superiores: “Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios… Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla”.

A manera de homenaje, tres décadas más tarde, la Universidad de Notre Dame, mediante el cineasta Francisco Vargas, encargó al documentalista mexicano Everardo González (La canción del pulque, 2003; Ladrones viejos, 2007) una película documental sobre Monseñor Romero. Un año después, al mirar el primer corte, el resultado les pareció tan radical e inaceptable que decidieron removerlo del proyecto.

"Pensaron que la película atacaba a la iglesia", explica el realizador. "Pero no, simplemente, en mi opinión, a la iglesia se le fue de las manos un proceso bueno, que nació con ideas libertarias. Pensaron que yo había pintado una figura incendiaria de Romero, pero creo que si no hubiera sido una figura que afectara intereses no hubiera sido asesinado. Así funcionan a veces los reaccionarios".

De cualquier forma, con el trabajo ya realizado, con una película en la que creía y no quería que estuviera enlatada, Everardo González peleó por los derechos de coproducción mediante Ciénega Docs, casa productora que constituyó junto con Martha Orozco. Como resultado, "El cielo abierto" (México, 2011) se encuentra actualmente en cartelera como parte de la programación de la gira de documentales ambulantes, esta semana en la Ciudad de México y hasta el 5 de mayo en 11 ciudades más de la República.



Entrevista.


-En sus películas, en general, se siente la tensión social en el ambiente, pero en esta, específicamente, hay un olor a muerte, a guerra.

-Espero que también refleje el proceso interno de los personajes. Pero sí, es claro que un país va a la guerra civil o que es inevitable que un personaje como Romero tenga que ser silenciado. Por eso me basé en las homilías grabadas de Romero, en su diario y en sus cartas personales, porque era la posibilidad de conocer y sentir los procesos emocionales por los que pasó. Cuando hace de pronto un llamado al desacato al ejército es un llamado de auxilio, ya es un momento en el que Romero ve que es inevitable que haya un derramamiento mayor de sangre. Eso se dice fácil, pero en el interior de una persona como Romero es un gran conflicto. Ahí firma su sentencia de muerte. La película está plagada de ese tipo de testimonios que hubiera sido un gran error no incluirlos. La voz de la monja que le dijo "acaba usted de firmar su sentencia", o del abogado que le dice que es ilegal, o de la secretaria que escucha a Romero cuando dice "sí, me van a matar", son detonantes dramáticos que yo creo que hay que cuidar.

-El relato se va armando desde muy diversos testimonios: voces más que personas, pues no aparecen sus nombres ni oficios a cuadro.

-¿Qué personajes quería yo que contaran la historia? El propio Romero fue un hombre que tuvo un proceso de transformación profunda no sólo en su teología sino en su persona, porque su figura se construyó en sólo tres años: es un hombre que vivió hasta los 60 y tantos años pegado a los poderes oligárquicos de El Salvador, con una actitud moderada, impuesto por el Vaticano para ser el obispo de San Salvador para apaciguar un poco el conflicto que se venía y para mantener a raya a los teólogos de la liberación. Y, por otro lado, un pueblo que va pasando por un proceso de transformación consolado, confortado e inspirado por la Teología de la Liberación, por la idea del cielo en la tierra. Eso era el perfil de personajes que yo tenía que encontrar: mujeres campesinas que habían dejado el comal y la atención al marido para convertirse en activistas; catequistas que habían dejado la lectura bíblica para gestar lo que serán los movimientos políticos-militares; sacerdotes que pasan por una discusión moral fuerte entre aceptar o no la guerra justa, matar o no matar; militares que deciden pasarse al lado de la guerrilla, puros personajes que van a ver que aquellos a los que están atacando son los que deben ser defendidos.

-¿Qué tan definitorio fue el trabajo de investigación iconográfica y el metraje de archivo?

-Se consiguió, a partir de la recopilación de materiales que podían contar la historia, una narración complicada, iconográfica, porque en El Salvador había mucho material sobre la guerra, pero poco material previo. Entonces era complejo localizarlo o reconstruirlo. Por eso no está con la camisa de fuerza de la cronología de los eventos históricos. Espero que sea una película que emocione, porque si no emociona es que es una historia de libro, anacrónica, de sucesión de eventos históricos.

Herederos de la Guerra Fría.

Antes de recibir el encargo de trabajar en El Salvador un documental sobre Óscar Arnulfo Romero, Everardo González trabajaba en otro documental llamado “En una tierra perdida en la loma en una sierra de Coahuila”, en la localidad de Cuates de Australia, cuyo centenar de habitantes se encuentra en constante migración por la seguía. Aunque la temática de ambos documentales pareciera ajena, en las antípodas, comparten el ser un retrato de la triste realidad Latinoamericana.

Lo que realmente va a contar son los ciclos de vida en el ser humano y sobre la tierra. Son proyectos distintos que retratan una misma situación. Son seres aislados, no es el norte de la bonanza pero tampoco el del narcotráfico, quitando un poco el estereotipo, que es otra cosa maravillosa que el documental otorga: no puede uno estar trabajando nada más con los estereotipos.

-Tras sus frecuentes visitas a El Salvador para realizar el documental, ¿qué impresión tiene de ese territorio con alta efervescencia social y mucha descomposición?

-Me hace ver los problemas que hereda una sociedad de postguerra. Como los hijos de la guerra que hoy son la Mara, pero también me hace ver cómo empezaron a funcionar las redes del narcotráfico, cómo lo que hoy tenemos en México, que es hijo de las guerras centroamericanas y de las guerras civiles en América Latina: de la intervención y los movimientos pagados por la CIA que luego se convierten las rutas y las personalidades de trasiego, el armamento que quedó regado por toda América, la idea de que Estados Unidos tiene potestad para intervenir donde se le dé la gana; las conexiones de la mafia en México, de Rusia, Italia, los japoneses, todo tiene que ver con la Guerra Fría. Eso es lo que tenemos hoy en México. Lo que pasa es que no nos damos mucha cuenta, somos herederos de lo que sucedió con la Guerra Fría.

-Es curioso, pero los ataques contra Romero en los medios de comunicación salvadoreños es muy similar con lo que ahora ocurre en México contra ciertas figuras.

-Totalmente. Esta idea de atacar y luego tener nuestros mártires nos encanta en América Latina. Toda la vida hemos funcionado con los mártires, lo mismo los caudillos de la Revolución; pero lo interesante es ver cómo el poder mediático sirve para callar muchas voces. Lo triste es que hoy vemos que hay un vacío en general. Hacen falta figuras de liderazgo. Creo que eso es lo que nos tiene jodidos en México.

Este artículo se publicó originalmente en la sección de cultura del diario El Financiero.

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4 comentarios:

  1. Anónimo9:49 a. m.

    el final de ese video lo dice todo....somos los mismos, seguimos igual o peor, pobres, sin trabajo, pero con el agravante del odio y resentimiento fortalecidos en nuestras mentes y corazones.

    que Dios nos agarre confesados mis estimados.

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  2. Anónimo10:00 a. m.

    Muchas gracias a ls amigos de este maravilloso blog,hemos disfrutado de la película,nos hemos conmovido al ver muchas cosas que son tal y sucedieron,gracias por mantener en la memoria el legado de nuestro Santo:San Romero de América.Un abrazo a todo el colectivo del blog.

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  3. Anónimo6:52 p. m.

    http://lachispaobrera-stinoves.blogspot.com/

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  4. Anónimo11:31 p. m.

    No se puede ver el video, por lo que no puedo comentar.Saludos trompudos.JP.

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