Para tratar de comprender el génesis, su justificación y la naturaleza de los partidos políticos, requiere ineludiblemente el hecho de proyectar una visión hacia los acontecimientos políticos, sociales y económicos de los siglos XVIII, XIX y XX, sobrevenidos en Europa. El abordaje de este tema más que político es sociológico, tanto en cuanto la sobrepoblación fue un aliciente para justificar el fenómeno de la representatividad política en los diversos parlamentos o asambleas en Europa.
Cuando aparece ese factor de la sobrepoblación, más que todo en las zonas urbanas de las principales ciudades de Europa, surgen ciertos grupos que comparten sus mismos intereses en común, sus mismas costumbres, formas de pensar y muchas veces la misma posición social. Esa profundización de la urbanización de los siglos XVIII y XIX vino a acelerar más el surgimiento de las “facciones”, y la ascendente burguesía al aparecer los partidos políticos los utilizan como mecanismo de control de aquellas medidas de gobierno desde y para el parlamento. Es entonces cuando le dan forma a agrupaciones que más tarde se le conocieron como “facciones” que son en sí las que dieron paso a los partidos políticos.
En otras palabras, hay una transición por la que tuvo que pasar la sociedad sin necesidad de violencia. Esta violencia vino después, manifestándose como una agresión de algunos partidos políticos en contra de las mayorías populares. De tal manera, Benjamín Constant nos ilustra al decir que “La institución de la representación, como mecanismo a través del cual la deliberación pública y las decisiones de gobierno se trasladan desde el titular de la soberanía democrática (el pueblo) hacia sus agentes (los representantes), establece la frontera histórica y teórica entre la democracia antigua o directa y la moderna o representativa.








