Editorial Radio YSUCACon el canto de rechazo a los políticos que ya se ha vuelto tradicional allá ("Que no, que no, que no nos representan"), más de 40 mil indignados españoles regresaron la semana pasada al centro de Madrid. Otros iniciaron marchas desde varias ciudades hacia la capital española. Los temas allá continúan siendo la crisis económica que recorre Europa —con un desempleo que no cede— y la desilusión total con la clase política, a la que acusan de "ineficiente y corrupta".
Nota original
El canto español perfectamente podría entonarse en estas latitudes, especialmente por la crisis de institucionalidad que estamos viviendo. Y es que el conflicto entre la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y los otros dos poderes del Estado, lejos de dar señales de solución, se ha profundizado. Aunque se habla sobre todo del tristemente célebre decreto 743, la problemática de fondo es la resistencia de todos los partidos políticos a perder la costumbre de realizar pactos subterráneos para beneficio propio y de los grupos que representan.
Los partidos han demostrado con asombroso descaro que están dispuestos a callar a los cuatro magistrados de la Sala, aunque en el proceso todo el mundo sepa que lo hacen únicamente por la supervivencia de la partidocracia. Los discursos en los que tradicionalmente se arrogan la defensa del bienestar de todo el pueblo han desaparecido ante la diáfana claridad de que lo primero para ellos es salvaguardar sus propios intereses.






