Mauricio Funes era un entrevistador. Algunos le encontraban muchas cualidades, otros explicaban su descuello periodístico a través del consabido refrán “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. En todo caso, gozaba de cierta popularidad por sus interrogatorios y algunos editoriales atrevidos. Como periodista descollaba. Este punto es necesario tenerlo en cuenta para explicar las razones que movieron a la cúpula del FMLN a su nombramiento como candidato presidencial.
Asimismo hay que recordar que fracasó en su primer intento por dos razones: la exorbitante presencia y peso de Schafik Handal y el haber mostrado, en primer lugar, sus desmesurados colmillos ambiciosos. Handal no iba a dejarse imponer a un advenedizo que además se presentaba exigiendo todo sin ningún compromiso de su parte, solo su persona. También mostró Mauricio Funes cierto desconocimiento de las reglas constitucionales para ser candidato presidencial, pues de entrada en una entrevista a El Faro, declaró que no tenía intención de adherirse al FMLN. Ignorancia mayúscula para alguien que se pretendía enterado de todo, pues todos sabemos que la Carta Magna dice claramente que los candidatos a la presidencia deben ser miembros de un partido político. Pero en la cúpula efemelenista, desde entonces, se puso en movimiento de manera recurrente la idea de nombrar a una persona "de afuera".
Fue también entonces que muchos editorialistas, comentadores, blogueros, etc. se pusieron a machacar que el FMLN no podía llegar al ejecutivo con un candidato de sus filas, que necesitaban un candidato de afuera. Esto se repitió tanto, con tanta convicción, con tanta fuerza que se volvió una evidencia, casi un dogma. Nadie quiso ver que ARENA estaba sufriendo un desgaste cada vez mayor y que lo que se volvía importante ante todo era sacar a ese partido del poder. Pero esta idea se volvió fuerza política de la que con astucia se valió Mauricio Funes. La cúpula efemelenista, por pereza intelectual, por oportunismo, no quiso encarar la situación tal cual se presentaba políticamente, sino que también adhirieron a este nuevo dogma. Dieron por sentado que uno de los suyos nunca llegaría al poder, que era necesario aliarse con una personalidad exterior. Era la idea dominante, pero también coadyuvó a esto que en sus filas, al interior de la cúpula, no había una personalidad que descollara, alguien que se impusiera. Hubo algunas personas nombradas tanto por militantes, como por los periodistas, pero no pertenecían al grupo de los de arriba. Un gran argumento, muy “político”, muy “perspicaz” de la cúpula, eso nos evitará hacer primarias, cada vez nos peleamos, nos dividimos, con un candidato de afuera seguiremos unidos. La fuerza política de esta posición revolucionaria fue aceptada por todos.