Para ponerle punto final al tema de la lectura de la Biblia
Podría la lectura de la Biblia ser la medida preventiva del crimen, la violencia y sus derivados? Dos mil años de Civilización Occidental, cuyo fundamento ha sido, precisamente, la doctrina judeo-cristiana, nos muestran una historia de guerras sin parar, sin contar lo que atras queda, antes de oficializar un dios único que, dicho sea de paso, se impuso mediante la violencia, la guerra, el crimen y la persecución contra toda oposición.
Como es conocido, en el año 350 de la Era Cristiana, Constantino, a la cabeza del Imperio Romano ya en decadencia, oficializó el Cristianismo como religión oficial para Roma. Es así como el Cristianismo, de secta perseguida pasa a ser institución rica y privilegiada. Es decir, Roma se vuelve cristiana pero el Cristianismo se vuelve romano.
Esa fusión de Cristianismo y romanismo convierte al estado romano en estado teocrático, cuya jerarquización no se diferencia mayor cosa de la estructura de los estados modernos, con la sóla diferencia de la separación formal de Iglesia y Estado. Nadie ignora que la base ideologica que sustenta al estado, y con él a la clase dominante, es la Iglesia como institución. Por supuesto que al interior de la Iglesia misma, siempre hubo personas y voces que contestaron y continúan contestando a la jerarquía, exigiéndole, a la vez, una postura en favor de los pobres.
La hipocresía de los asesinos.
Qué ironía. Resulta que hoy, los que han cometido horrendos crímenes contra este mismo pueblo que vive con la vida en un hilo, recomiendan hacer lo que con ellos nunca ha funcionado. Los perseguidores de los lectores de la Biblia, los que masacraron a los máximos defensores de la doctrina de Jesús, los que asesinaron a Monsenor Romero, a los sacerdotes jesuitas, a veinte y tantos sacerdotes, a las religiosas maryknoll (Ita Ford, Maura Clarke y Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan), a los miles de miembros de las comunidades de base, nos aparecen ahora con recetas medievales.
Extemporales y maniqueos en su recomendación de la lectura de la Biblia, piensan, a lo mejor, que esta nueva cruzada podría ser la dosis que hace falta para seguir haciendo de las suyas y de los otros, sin que nada ni nadie perturbe sus dorados sueños de poder.
En una época, el Maniqueismo era la creencia de que Dios y el demonio eran poderes iguales: Dios como creador del espíritu y el demonio como creador de la materia; y en tanto que poderes iguales, podían coexistir sin estorbarse. Pero, esto no es asunto de angeles y demonios. No es un problema de soluciones extraterrestres, sino, más bien, de desigualdades económicas y sociales. No hay que darle muchas vueltas al tema, esto es un problema estructural.
Es, tambien, un problema de modelo de sociedad. Resulta espantoso presenciar cómo y de qué manera la sociedad salvadoreña se intoxica, con la complicidad estatal, con el estilo de vida estadounidense, de esas ansias absurdas y de sus crimenes glorificados en el celuloide. Mientras más pretendamos parecernos a los EEUU, más violencia tendremos.
Qué modelo de sociedad puede tomarse de un país, de una potencia, que en su propio territorio incuba al crimen y la violencia? De un país donde cualquiera se arma y masacra en las calles, en las escuelas, en los centros de compras? Se puede tomar como ejemplo a un modelo así, de una sociedad enferma, donde la droga circula libremente y las cabezas principales del narcotráfico se vuelven casi intocables; donde las instituciones gubernamentales establecen relaciones con estas mafias, todo con fines políticos y de planificación de asesinatos de jefes de estado (caso Iran-Contras, Posada Carriles, cubanos exiliados, contrarrevolucionarios y terroristas, etc.). Todo eso se debe tomar como ejemplo?
Las espadas de los cruzados no se ensangrentaron por gusto.
La Iglesia Catolica (universal), y en este caso hablamos de la jerarquía, siempre ha sido la iglesia de los poderosos. Y no podría ser de otro modo, puesto que la Iglesia misma está sentada en la riqueza. Esta iglesia no es parte aparte del sistema, sino parte de él, porque vive de él, se nutre de él. Imponer mediante la persecusión, la violencia y la guerra, tiene sus orígenes despues del asesinato de Jesús por la jerarquía de la Iglesia Hebrea, en complicidad con Roma.
El cristianismo puro, el de los primeros cristianos, nada tiene que ver con el cristianismo fusionado con Roma, 300 años despues de la muerte de Jesús, y mucho menos con le ejercito de cruzados guerreando para imponer su dominio y control en el nombre de Dios y en favor de un grupo de obesos y ambiciosos obispos romanizados. Pero, esto es una larga historia y no nos alcanzaría la vida para contarla y mucho menos para debatirla. Además, es un tema para especialistas. Baste señalar que hay una enorme cantidad de literatura para ilustrarse.
El miedo no es más que el reflejo del instinto de conservación.
Con un pueblo temeroso se puede hacer todo: desde expulsarlo del suelo que lo vio nacer, hasta exterminarlo. Cuando el miedo se introyecta en el subconciente, todas las formulas aplicadas dan resultados. Las tres últimas décadas, a partir de los 70s hasta el final de los 80s, se caracterizaron por la política de terror institucionalizado. Es el inicio masivo de la diaspora. Esa diaspora cinicamente llamada "hermanos lejanos".
Del 90 al 2010, otra violencia aparece y otro miedo, dicen algunos, se apodera de la gente. Aunque, observándola bien, es la misma violencia y el mismo miedo de los 70s y los 90s. Es decir, se trata de la prolongación del mismo miedo y de la misma violencia con sus horrorosos crimenes. La única diferencia son los agentes que la aplican y sus conexiones.
Durante estos últimos 40 años, el pueblo salvadoreño, preso de miedo, se refugió bajo los techos de una infinidad de minúsculas iglesias surgidas como hongos durante el conflicto armado. Ese miedo aun persiste en una buena parte del pueblo desprotegido. Todo un contingente de predicadores improvisados, convirtieron a muchas de esas iglesias en un lucrativo negocio de la fe; claro, salvando las excepciones. Pero la regla fue el negocio, no la excepción.
Tanta y tan grande es la charlatanería en el campo religioso, que la patanería ha ganado un espacio donde predicador y clientela hacen gala de un ridículo sin precedente. Es así como podemos presenciar un tabernáculo repleto de una feligresía, en su mayoría del sector medio, con un nivel de instrucción elevado pero sin cultura, compartir el "bayunquismo" y la pataneria del predicador.
La Biblia, si acaso, es para el alma, no para el hambre.
Esta ola de crimenes y violencia generalizada que abate a la población desprotegida, no puede ser tratada con medidas religiosas. Si ese "milagro de lectura bíblica" no se ha operado en los que gobiernan y en los que detrás de ellos están, con todo y que los domingos llegan a masticar hostias con sabor a hambre y a golpearse el pecho, menos podrá tener efecto en las futuras generaciones de adoctrinados sin conciencia social ni sensibilidad humana. Por una simple razón: este no es un problema del alma, es un problema de hambre.
El Estado no es la solución, sino el problema.
El capital -la propiedad privada-, con su desmedida voracidad, es el responsable directo de la violencia social.
La Iglesia (la jerarquía) con su indiferencia y pasividad es complice y, a veces, participante con su silencio.
La violencia es el resultado de esa amalgama. Finalmente, y por estas razones, las pequeñas iglesias y los escasos medios de comunicación alternativos que han tomado la opción por los pobres y su justa causa, tienen ante si el enorme desafío de resistir a las presiones, al chantaje, al engaño, al ofrecimiento tramposo y a la complicidad. Ya no hay huertos solitarios para la reflexión íntima. Esa reflexión debe y tiene que hacerse de cara con el bosque poblado de los oprimidos, con las tantas veces engañados y burlados en su esperanza.
El reconocimiento y el apoyo, la simpatía y la confianza no tienen precio. En esta hora confusa de discursos huecos, de verdades a medias y mentiras completas, la decencia debe situarse en el más elevado pedestal, imponiendose a la traición (la abierta y la disfrazada).
No debemos caer en la tentación de ser mercancía de ese horrible mercado donde se compran y se venden conciencias. En la trinchera de la decencia, nadie anda a la cacería de votos. en esta trinchera se anda a la caza de conciencias, y eso sólo se logra generando opinión. El cazador de votos recurre a la simpleza, al entretenimiento, al engaño, a la manipulación y la demagogia. El cazador de conciencias apela a la razón, somete a juicio la palabra y el hecho, desechando el juego de emociones que nublan la razón.